jueves, 16 de noviembre de 2017

Virgen de Piñana (Castillonroy -Huesca-)


Hacia el siglo XIII se data esta talla de la Virgen con el Niño que, procedente del actual despoblado de Piñana en el término municipal oscense de Castillonroy, forma parte de la exposición permanente del Museo Episcopal y Comarcal de Lérida. La Virgen aparece aquí literalmente representada como trono del Niño. Viste túnica y manto y se cubre la cabeza con un velo que deja ver parte de sus cabellos. Ha perdido ambas manos y la policromía se encuentra en regular estado de conservación. El Niño está tallado individualmente con unas dimensiones mayores que las habituales, llegando sus pies hasta el suelo. Este detalle hace que parezca que en lugar de sentado está erguido. Viste túnica roja con cinturón y bendice con la mano derecha mientras sujeta los Evangelios en la izquierda.



lunes, 13 de noviembre de 2017

Paseo a la orilla del mar (Joaquín Sorolla)


Esa obra que Sorolla pinta en el verano de 1909 en la playa de Valencia está considerada como una de las más representativas del pintor. El agua y la arena de la orilla, resultas con largas pinceladas azules, malvas y turquesas, se convierten en un abstracto telón de fondo para las refinadas figuras de su esposa e hija María. La sugestión de la brisa en el ondular de los vestidos intensifica la impresión de fugacidad momentánea en la toma, a lo que contribuye también el uso del encuadre eminentemente fotográfico que corta la pamela de Clotilde y deja una franja vacía de arena en la parte inferior. El cuadro responde al género iconográfico conocido como el “paseo elegante” en el que se incluyen personas acomodadas y bien vestidas que se acercan a la orilla del mar (texto extraído de la Guía del Museo Sorolla)

domingo, 12 de noviembre de 2017

Escena de brujas (Francisco de Goya)


Esta Escena de brujas forma parte, junto con el Aquelarre del post anterior, de la serie que la Duquesa de Osuna compró para decorar una de las salas de la finca el Capricho en las afueras de Madrid. Aquí Goya muestra a un grupo de brujas vestidas de negro y encapuchadas, con lechuza sobre sus cabezas y figurillas en las manos, que podrían ser pequeños exvotos de cera empleados en las actividades de magia. En primer plano aparece un hombre vestido con una túnica blanca que se arrodilla ante el extraño grupo presidido por una figura de amplia túnica amarilla que podría ser la bruja neófita. Al igual que en el cuadro anterior, el fondo tenebroso y la luz lunar refuerzan el carácter tétrico de la escena, que se completa con una figura que desciende del cielo que resulta difícil de identificar. Siguiendo la tónica de la serie, Goya emplea una pincelada rápida, aplicando el color a base de manchas, anticipándose a sus Pinturas Negras.