martes, 15 de mayo de 2018

San Francisco de Asís (El Greco)

El Greco representa en este cuadro a San Francisco de Asís en figura de medio cuerpo con las manos cruzadas sobre el pecho y los ojos alzados hacia un resplandor en la parte superior izquierda del lienzo; en la parte inferior, en primer término, la calavera sobre una especie de antepecho rocoso. Por la técnica empleada se sitúa en los inicios de su estancia en España, concretamente entre 1577 y 1580, y entre los críticos se considera una obra de calidad muy significativa. Se subraya, sobre todo, la belleza de las manos, sensibles y expresivas, y la mirada alzada, de noble belleza varonil, en apasionado gesto de amor y arrobo (texto extraído del catálogo en línea del Museo Lázaro Galdiano, donde se expone esta obra)

viernes, 11 de mayo de 2018

Nuestra Señora de Acumuer


Esta talla de la Virgen con el Niño procede de la ermita del Pueyo de la localidad oscense de Acumuer. En madera policromada, se data en la primera mitad del siglo XIII. Como es normal en la tradición iconográfica romáica, se representa a la Virgen en majestad como trono del Niño. Sin embargo, su tardía cronología se manifiesta en la colocación de Jesús sobre la rodilla izquierda de María y ligeramente ladeado, rompiendo con ello la simetría y frontalidad anteriores. La Virgen cubre la cabeza con velo y viste túnica roja y manto azul estrellado que se recoge en el regazo. Porta en la mano derecha una granada, atributo poco frecuente, como símbolo de fertilidad, mientras que, con la izquierda sujeta al Niño, observándose en las manos una gran desproporción. Otro aspecto poco habitual es la colocación de Jesús, que apoya sus pies descalzos sobre la rodilla de la Virgen, aparentando tener un asiento propio. El Niño viste de modo similar a su Madre, con túnica talar y manto dispuesto a la manera de la toga romana. Sujeta con su mano izquierda un objeto que representa el Libro Sagrado a modo de rollo, mientras que la mano derecha, hoy perdida, estaría presumiblemente en actitud de bendecir. Los rostros de ambos esbozan una ligera sonrisa. (texto extraído de la cartela que figura junto a la talla en el Museo Diocesano de Jaca)


miércoles, 2 de mayo de 2018

viernes, 27 de abril de 2018

Santo Tomás de Aquino confundiendo con sus escritos a los herejes (Francisco Bayeu)

Bayeu pinta este óleo sobre lienzo hacia 1759-1760. De formato casi cuadrado y con las esquinas curvadas, presidía el retablo de la capilla de Santo Tomás en el convento dominico de San Ildefonso de Zaragoza. El santo va ataviado con el hábito dominicano, y se representa sentado en su cátedra portando los atributos de escritor de la Doctrina Cristiana; las alas que le identifican como Doctor Angélico, la pluma de Doctor de la Iglesia y el sol que ostenta en el pecho como atributo personal “Totius ecclesiae sol”, pues sabiduría y doctrina han de resplandecer sobre toda la iglesia. Esta obra se enmarca dentro de las primeras realizaciones del pintor, y en ella destaca la composición de las figuras en el suelo, que corresponden a los herejes, desnudos academicistas que recuerdan a Giaquinto. (texto extraído de la cartela que figura junto al cuadro en el Museo de Zaragoza)

lunes, 23 de abril de 2018

La predicación de San Juan Bautista (Pieter Brueghel el Joven)

Esta obra, que forma parte de la colección del Museo de Bellas Artes de Lille, es una copia que Pieter Brueghel el Joven hace del cuadro que con el mismo título pintó su padre Pieter Brueghel el Viejo en 1566, y que se expone en el Museo de Bellas Artes de Budapest.
Como en el original, la escena muestra un episodio de los relatos bíblicos en los que San Juan Bautista, como precursor de Jesucristo está pregonando la figura del Mesías. Hay que entender el cuadro dentro del contexto político, histórico y religioso que a mediados del siglo XVI se vive en los Países Bajos, donde la Reforma de Lutero y el Protestantismo están tomando fuerza. Por ello la escena puede visualizarse como la representación de uno de los muchos sermones que por entonces se veían en las calles de Flandes, donde muchos predicadores seguidores de las ideas de Lutero se apostaban en las afueras de las ciudades congregando a sus fieles y seguidores, ya que era la única manera de burlar a las muy católicas autoridades españolas que gobernaban el territorio bajo el reinado de Felipe II.
Bajo este punto de vista se entiende como Brueghel, a la hora de pintar la escena, no se fija tanto en el hecho religioso, en el que vemos como el Bautista señala a Jesús, como en la representación de sus conciudadanos, algo muy común a la mayoría de sus obras. De este modo, presenta a una muchedumbre atendiendo al sermón, y allí con todo lujo de detalles, lo cual también es muy habitual en la pintura costumbrista flamenca, se identifican a miembros de todos los estratos sociales, e incluso se ven a algunas figuras con turbante, es decir, personas llegadas de lejos y de otras culturas, lo cual no es gratuito por parte de Brueghel, ya que con ello pretende plasmar la universalidad del mensaje, que llega a todas las personas, independientemente de su condición social o de su procedencia.