sábado, 5 de mayo de 2012

Majestad Batlló

La Majestad Batlló es una imagen de madera policromada que presenta a Cristo crucificado en actitud de Majestad (triunfante sin signos de sufrimiento). Debe su nombre al coleccionista Enric Batlló y Batlló que la compró en un mercado de antigüedades y la donó en 1914 a la Diputación de Barcelona, de donde pasó al Museo de Arte de Cataluña en el que forma parte de su exposición permanente.
Está considerada como una de las muestras más interesantes de la imaginería medieval de Cataluña. Cronológicamente se data hacia mediados del siglo XII. En cuanto a su procedencia, se sitúa en la región de Olt, en la comarca de la Garrotxa en el Pirineo catalán. Tallada en madera de ciprés, la imagen de Cristo tiene unas medidas de 94 x 96 x 17 cm y la cruz de 156 x 120 x 40 cm. Le faltan los pies y algunos dedos de las manos.


El Cristo está vestido con una túnica larga con mangas también largas o túnica monicata, y pliegues tubulares paralelos que la recorren en su totalidad. La túnica está policromada con círculos de color rojo sobre fondo azul y motivos vegetales de clara influencia oriental. La cruz está pintada a base de franjas azules, blancas y rojas, con la siguiente inscripción en la parte superior: “JHS NAZARENUS REX IUDEORUM” (Jesús de Nazaret Rey de los Judíos). En el centro del reverso de la cruz hay restos de la pintura de un Agnus Dei. El motivo de los círculos de la túnica está íntimamente relacionado con el sudario de tejido islámico de San Ramón, muerto en 1126, de la Catedral oscense de Roda de Isábena.


En la Edad Media se dieron dos tipos de iconografía para representar a Cristo crucificado: el primero con el torso desnudo y el perizonium o falda corta atada a la cintura y muerto en la cruz con los ojos cerrados y el rostro con expresión dramática y cierta tensión; el segundo, al que corresponde esta Majestad de Batlló, aparece encima de la cruz con túnica larga ceñida a la cintura, en posición triunfante, con los ojos abiertos y sin ningún signo de dolor. Esta última fue la más común en Occidente durante todo el siglo XII, siguiendo el prototipo del Cristo de la Santa Faz de Lucca.

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