domingo, 30 de septiembre de 2012

La Piedad (Pedro Berruguete)

Esta tabla, procedente de una colección particular, fue atribuida a Pedro Berruguete en los años 50. Desde 1997 forma parte de los fondos del Museo Nacional de Escultura de Valladolid.
La estructura compositiva, perfectamente equilibrada, ofrece en el centro la figura de la Virgen llorosa, sosteniendo a Cristo muerto en su regazo mientras dirige su mirada triste al espectador, frente a la concentración en el tema principal de las dos Marías que la acompañan en su dolor, ajenas a cualquier observación del exterior. El cuadro fue mutilado en el lado izquierdo, algo que no afecta al concepto de la composición que queda suficientemente claro. Los elementos de ambientación espacial y las arquitecturas han desaparecido buscando una depuración de motivos secundarios que dejan en solitario el tema representado.
 
 
Con un dibujo minucioso hasta el extremo, Berruguete construye la composición a través de líneas de gran definición. Un cromatismo sereno, con magistrales veladuras, permite captar las texturas de los materiales. La incidencia de la luz y su irrupción lateral en el cuadro ayudan a conformarlo para obtener el efecto realista final. Junto a ello, la proyección de las sombras de los clavos de la cruz logra un efecto de profundidad, aumentada con la insinuación del ambiente natural mostrado con timidez en primer término. El telón dorado del fondo, utilizado en otros trabajos del maestro, sobre el que se inscriben los nimbos de las figuras con inscripción, es un recurso que perdura del Medioevo y sus estereotipos, mezclando la sugerencia del exterior del primer plano con la dignidad sacral de lo dorado.

 
El tamaño de la obra y el detallismo de su concepción hacen suponer que se trate de una pieza pensada para colocarse en un pequeño oratorio. Santiago Alcolea propone una datación para la tabla en torno a la década de 1480, observando ciertos paralelismos de concepto, de origen italiano, con el Cristo Crucificado del convento de Santa Cruz de Segovia.


sábado, 22 de septiembre de 2012

Un rincón de Toledo (Mariano Barbasán)


En este lienzo Barbasán reproduce un pequeño espacio de Toledo, ciudad que siempre le agradó y que visitaba en pequeñas escapadas durante su residencia en Madrid. Se trata de un rincón al que se llega por una calle empinada y empedrada. Son dos edificios que se juntan en esquina; el frontal muestra detalles de mayor riqueza, la puerta orlada con columnas con capiteles decorados que soportan un pequeño alero de canecillos volados en piedra, y en el piso noble un gran ventanal con vidrieras. La casa colindante ofrece un aspecto más humilde; destaca en su fachada un pequeño altarcillo devocional que cobija una imagen de Cristo crucificado. De pincelada rápida y abocetada, destaca por sus colores parduzcos que otorgan al paisaje un aire romántico.



viernes, 21 de septiembre de 2012

El sueño del artista (Federico de Madrazo)


Esta original obra de Federico de Madrazo, también conocida como “La inspiración” se sitúa cronológicamente hacia 1866. Se trata de una representación que el pintor hace del ser humano en su papel de hacedor de cultura y, al mismo tiempo, como producto de la misma. Visualmente el cuadro nos remite a la obra de Antonio de Pereda “El sueño del caballero”, que se conserva en la Real Academia de Bellas Artes. En este cuadro Pereda pintó una vanitas alusiva a las aspiraciones de poder y de riqueza, y Madrazo modernizó y readaptó el tema para interpretar los anhelos de un artista de su época. 

Se especula con que se trate de un autorretrato de sus propios sentimientos representados en la figura de un personaje que adormecido en su estudio, rodeado de cuadros, esculturas, la paleta de pintor, el caballete y un perro, sueña con la musa señalada por el ángel que la acompaña. En el cuadro aparece uno de los escasos desnudos que se conocen en su producción, representando a una musa humanizada y sensual que, enfatizada por un halo de luz, muestra su condición de transmisora de los estímulos creativos del artista.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Retrato del pintor y su familia (Cornelis de Vos)


Cornelis de Vos (1584?-1651), pintor flamenco, activo en Amberes. Aunque pintó obras históricas, alegóricas, mitológicas y religiosas, en lo que verdaderamente destacó fue como retratista. Con un estilo derivado de Van Dyck y Rubens, sus retratos son intimistas y delicados. Se caracterizan por el equilibrio compositivo, la elegancia y la gestualidad de los personajes. Realizó tanto retratos individuales como de grupo, principalmente de la burguesía de Amberes. También ejecutó numerosos retratos de cuerpo entero, interesándose por el escenario arquitectónico o natural que rodea a los personajes.



En particular representa muy bien a los niños, a quienes corresponden sus mejores pinturas, sobre todo por su frescura y espontaneidad, por la expresión despierta de los rostros y la atrayente coloración que les imprime.



Algunos de sus retratos más destacados son “Las hijas del pintor” o este “Retrato del pintor y su familia”, realizado en 1621 y que actualmente forma parte de la colección del Museo Real de Bellas Artes de Bruselas



martes, 18 de septiembre de 2012

Frontal de altar de Baltarga


Este frontal, que actualmente se expone en el Museo de Arte de Cataluña, proviene del altar románico de la iglesia de San Andreu de Baltarga en la comarca catalana de la Baja Cerdaña. Fechado hacia el año 1200, se divide en cinco compartimentos.
El espacio central lo ocupa una representación del Pantocrátor dentro de una mandorla y rodeado por los símbolos de los Evangelistas o Tetramorfos. Esta figura presenta rasgos bizantinizantes tales como el rostro, el pelo o el gesto de bendecir, lo que ha llevado a pensar que pudo ser realizado por un artista venido de Bizancio.



En la parte superior izquierda (vista del espectador) aparecen las figuras de la Virgen junto a San Juan Evangelista; en la derecha, San Andrés y Santiago.
En la parte inferior, en primer lugar el martirio del santo titular, San Andrés, en presencia de Egeas; en el otro lado, San Felipe y Santo Tomás.



Tanto el Pantocrátor como la Virgen y los cinco apóstoles están representados con un libro en la mano. Además, los seis personajes que aparecen en las cuatro escenas laterales se identifican por la presencia de un rótulo con su nombre.